ARES Y AFRODITA

Afrodita, cuyo origen es oriental, era la diosa del amor carnal y de la belleza o atractivo sexual, equivalente a la Venus romana. En algunos puntos de Grecia es considerada la diosa de los marineros porque se le atribuye a Nereo su crianza, aunque ésta no es la tradición más extendida.

Según Homero era hija de Zeus y de Dione pero en otras leyendas se afirma que, como su nombre lo indica, nació brotando de la espuma del mar al derramarse sobre ella las gotas de sangre que Cronos le provocó a Urano y ésta es la versión más aceptada. Abordó la isla de Citérea y más tarde Chipre, causa de que a la diosa se le dé el epíteto de Cipris.
"Las nereidas y tritones y los demás habitantes del mar acudieron presurosos a contemplarla, rodeando su concha nacarada que era carro y cuna a la vez. Entonces el halago del aire puro, susurro del cielo azul, le arrancó un blando suspiro que repitió estremecido el universo. Las olas empezaron a mecerla dulcemente en caricias sin fin, el aire se hizo más leve y toda la naturaleza pareció regocijarse con la presencia de Afrodita".

La admiración que todos sentían por su belleza le permitió llegar al Olimpo transportada en un magnífico carro, llevando consigo las maravillosas excelencias que Feme habría proclamado de ella, los entusiastas deseos de las deidades masculinas, y las envidias y recelos de las diosas, que se sentían en peligro ante la exquisita belleza de la recién llegada.

Afrodita fue la mujer de Hefesto, a quien Zeus le había concedido su mano en agradecimiento por haber inventado el rayo con el que había matado a los gigantes. Éste no era más que un matrimonio de estado y Afrodita no quería rendirse a un herrero cojo, rudo, feo y desagradable por lo que tuvo muchos amantes, entre ellos Ares quien también fue el primer dios con el que Afrodita se relacionó.
Ares era poco amable y muy duro y al llegar ante Afrodita le explicó sin mayores halagos sus deseos sexuales. Ésta no estaba acostumbrada a esa falta de cortesía y palabras de amor y se asustó, pero entonces Ares se despojó de su coraza y de sus armas y Afrodita se entregó a él al verlo mucho más humano. Cuando Afrodita y Ares se unieron una noche en el lecho carnal, descuidaron el paso del tiempo y Hefesto acudió airado ante los avisos del dios del sol y tejió una malla metálica invisible para tenderles una trampa.

Un día Hefesto salió de viaje y Ares y Afrodita se abandonaron de nuevo a la pasión, pero en un momento determinado la malla, atada a los extremos de la cama, se soltó y los cubrió y aprisionó. Todo el Olimpo acudió ante tal espectáculo aunque las diosas abandonaron pronto el lugar por su actitud pudorosa. Los dioses, sin embargo, se divertían con enormes carcajadas ante las bromas elocuentes de Apolo y Hermes, quien comentó "¡Oh vergüenza, digna de envidia! Multiplicad todavía estas imnumerables ligaduras, que todos los dioses y diosas del Olimpo rodeen este lecho y que pase yo la noche entera en brazos de la rubia Afrodita!".
Hefesto solicitó de Zeus la devolución de los presentes de la boda dado que Afrodita le había sido infiel pero el gran dios se mostró receloso ante tal petición. Sin embargo, Poseidón, admirado ante la desnudez de Afrodita, prometió que él pagaría los tributos oportunos si es que antes no lo hacía Ares, con lo que Hefesto liberó a los dos amantes.
Luego, ambos se fueron humillados a diferentes regiones y Hefesto olvidó su enojo porque no quería separarse de Afrodita, quien, de nuevo en Chipre, fue purificada por las Gracias, renovada en su virginidad y ataviada de nuevo para la conquista...

Tuvo también relaciones amorosas con Hermes, naciendo Hermafrodito, con Poseidón, por ayudarla ante su esposo, etc.

Eros, más conocido como Cupido, fue hijo suyo y la acompañaba durante la mayoría del tiempo, al igual que las tres Gracias: Áglae, Talía y Eufrosina. También iba a su lado el hermano gemelo de Eros llamado Anteros. Además de estos dos dioses, de su unión con Ares nacieron Deimo, Fobo y Harmonía, pero también tuvo a Érice, Rodo, Príapo, Hermafrodito...


Otros episodios



La leyenda más famosa sobre Afrodita quizá sea probablemente la que narre las vicisitudes de Paris para elegir a la mujer más bella del mundo y que originó la Guerra de Troya.
El mal carácter de Afrodita era sumamente conocido en Grecia y a menudo se enfrentó con quienes le suponían un riesgo como Psique o Eos. Sólo Atenea, Artemisa y Hestia eran capaces de ignorar sus órdenes. Por ejemplo, Artemisa se enfrentó a ella cuando ésta quiso dañar a Hipólito.
En cualquier caso también ayudó a diversos personajes como Melanión a lograr sus propósitos de amor pues la diosa de la belleza no era tan mala.

Afrodita es representada en un carro arrastrado por palomos, cisnes o pájaros con una corona de rosas y mirto que circunda sus cabellos rubios. Otras veces aparece montada sobre un toro o un macho cabrío para denotar las múltiples relaciones sexuales que tenía.

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