Anne Rice se pasa a los licántropos

Desde aquella fantástica aparición del atractivo Lord Ruthven de Polidori en su relato El Vampiro, la figura del chupasangres romántico ha cobrado fuerza con el paso del tiempo, sobre todo gracias a la intervención de la creadora de las Crónicas vampíricas, la estadounidense Anne Rice. Gran parte de esta fiebre contemporánea por la figura del vampiro se debe mucho más a Rice que a escritores clásicos del terror como Bram Stoker, ya que ella popularizó la idea del vampiro camaleón, aquel que podía adaptarse a la perfección a las costumbres de los mortales, que podía hacerse pasar por uno de ellos, diferenciándose sólo por una letal sensualidad y por un atormentado enfrentamiento interior entre las nociones de Bien y de Mal.

Este debate interno de sus personajes es un reflejo bastante fiel de las dudas y tribulaciones de la propia Rice. La escritora oriunda de Nueva Orleans publicó toda una serie de libros que combinaba una alta carga erótica con una apasionada búsqueda del significado de términos como Dios, libre albedrío y humanidad. Sus vampiros se movían en terrenos a veces agnósticos, a veces nihilistas, a veces desesperados. Pero todo esto cambió cuando en 1998, Rice, quien desde los 18 años se había definido como atea, cayó en un coma diabético que casi le costó la vida, y regresó a los brazos de la Santa Madre Iglesia. Comenzó a escribir sobre temas religiosos, sobre todo relacionados con la vida de Jesús de Nazaret, pero nunca renunció por completo a sus obras anteriores, y siguió defendiendo algunos ideales muy criticados por sus congéneres católicos, como el derecho al aborto y al matrimonio homosexual (de hecho, su hijo, el también escritor Christopher Rice, es gay y ha contado desde siempre con el apoyo total de su madre). Esta defensa de principios muy alejados de los predicados por la Iglesia católica le ha provocado un roce continuo con las enseñanzas de ésta, por lo que finalmente, en 2010, anunció en su página de Facebook que, si bien seguía manteniendo su fe en Dios, se desligaba de cualquier pertenencia a la Iglesia y al cristianismo.
Anne Rice

Es muy probable que esta decisión haya tenido mucho que ver con un nuevo giro en sus temas literarios. Y si las sagas modernas cosechan éxito imitando su fórmula de “vampiro hermoso atormentado por su condición inmortal”, ¿por qué no iba ella a aprovechar ese otro caudal de superventas, el hombre lobo? The Wolf Gift será la primera novela de su autoría que trate dicha temática. Podría sorprendernos que no se le hubiera ocurrido antes, teniendo en cuenta que vampiros y hombres lobo con frecuencia parecen ir de la mano, pero la hermana de Rice, Alice, era también escritora y se especializaba precisamente en este tipo de personaje sobrenatural, por lo que Anne nunca quiso “meterse en su terreno”. En 2007 falleció Alice, y parece que Rice está ya dispuesta a publicar una historia de licántropos. Pronto veremos si regresa al estilo barroco y sensual al que tiene acostumbrados a los fans de Lestat y compañía, o si permanece anclada en el texto pobre y atolondrado del que hablaba la crítica al reseñar sus obras de tinte religioso.


Gabriella Campbell 

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