Salvator Rosa: Galería

Salvator (o Salvatore) Rosa (1615 – 1673) fue un pintor, poeta y grabador italiano, uno de los más destacados del siglo XVII. Estuvo activo en Nápoles, Roma y Florencia. Como pintor, es conocido como «poco ortodoxo y extravagante» y un «eterno rebelde» proto-romántico. Su vida y sus escritos son en igual medida coloridos.












El Monte De Las Ánimas: Gustavo Adolfo (Audio relato)



El Monte de las Ánimas es uno de los relatos que forman parte de la colección de Gustavo Adolfo Bécquer llamada Soria. La leyenda cuenta lo que le ocurrió a un joven llamado Alonso al intentar complacer a su prima durante la noche de difuntos, la noche de la festividad de Todos los Santos. Se publicó el 7 de noviembre de 1861 con dieciséis leyendas más, en el diario El Contemporáneo.



El Monte De Las Ánimas: Gustavo Adolfo  
(Audio relato) 



Tierra de Brujos: Documental


La ciudad de Catemaco, en el estado de Veracruz, es conocida por la Virgen del Carmen —santa patrona del pueblo—, porque Mel Gibson filmó aquí la película Apocalipto, por sus increíbles reservas naturales y su laguna, pero principalmente por la gran cantidad de brujos que practican magia blanca y magia negra en la región.

Los brujos de Catemaco trabajan tanto con espíritus buenos, como el Niño Dios o ángeles, hasta invocando a la Santa Muerte o Satanás, y aseguran poder ayudar a las personas en situaciones difíciles, ya sea con problemas de desamor, solvencia económica, venganza o evitar malas vibras y envidias, entre otras cosas.

Alejandro Mendoza, editor de VICE.com en México, formó parte de algunas misas negras en las que hubo pentáculos de fuego, sacrificios animales, sangre, y junto a algunos de los brujos más respetados y con mayor trayectoria en Catemaco, invocó a Satanás en un lugar conocido como La Cueva del Diablo para intentar descubrir qué tanto es real y qué tanto es fantasía en una tierra que vive de la magia.



Alquimia



La Alquimia es un arte tan antiguo como la propia humanidad. Su nacimiento (este incierto nacimiento de todas las cosas tan antiguas que pueden fijarse los condicionamientos históricos y geográficos que las motivaron, pero nunca una fecha exacta) puede fijarse dentro de la primera "industrialización" de la humanidad primitiva. Cuando los primeros pobladores del mundo dejaron de preocuparse exclusivamente de sobrevivir, y empezaron a reunirse en comunidades, surgió lo que se ha dado en llamar la primera civilización urbana.

Fue en su seno donde nacieron los primeros oficios, aparte la agricultura y el pastoreo: la carpintería, la metalurgia, la alfarería, la fabricación de tintes y colorantes... Sus técnicas eran simples pero funcionaban. No existía una ciencia como tal: los métodos no habían sido fruto de la investigación, sino de la casualidad y de la observación de la naturaleza. Y en todos ellos se hallaba presente la magia... esa magia característica de los pueblos primitivos de la humanidad, que quería que cada elemento común al hombre tuviera su dios particular, tanto en las cosas del cielo como en las de la tierra. Por eso, al igual que había los dioses de los elementos comunes al hombre: los metales, las piedras, los elementos, había también en el cielo los dioses de los planetas... de los que nacería, más tarde, la Astrología. Y la Alquimia, como todo el resto de la Magia, se halla también íntimamente ligada a la Astrología





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La necesidad de creer: Alquimia


Podríamos seguir relatando casos de transmutacionescélebres durante mucho tiempo. Podríamos relatar la transmutación que llevó a cabo el emperador Fernando III gracias a la Piedra que le llevó el alquimista Richthausen, discípulo de Labujardière (de quien la obtuvo), o la efectuada por el escocés Alejandro Sethon para convencer a dos escépticos a ultranza, Wolfgang Dienheim y el profesor Zwinger, de la Universidad de Basilea. Pero una relación de este tipo sería demasiado larga y fatigosa, con la repetición constante de unos mismos acontecimientos: la transformación del plomo o del mercurio en oro, gracias a la proyección de unos polvos misteriosos calificados como la Piedra filosofal.

Pero el conjunto de todos estos relatos nos hacen ver una necesidad: la necesidad de creer. Es difícil sustentar, a lo largo de tantos años y a través de tantas personas, un engaño, una mentira, sino se tiene más que la esperanza o la ambición. Tal vez todos estos relatos sean imaginarios, pero su número es demasiado abrumador, sin tener en cuenta que algunos de ellos son precisamente obra de personas escépticas, a las que sería difícil engañar. Cabe pensar más bien que, junto con los charlatanes, los defraudadores, los falsos iluminados y los que buscaban satisfacer su codicia mediante la obtención del oro alquímico, tenía que haber otras personas (quizá una minoría, pero fundamentales de todos modos) que se dedicaran realmente a la búsqueda de la Piedrafilosofal. Algunos morirían sin conseguirlo, pero otros no. Algunos de ellos lograron realmente sus propósitos. Por supuesto, el misterio de su veracidad quedará en último término en el aire... ya que los testimonios existentes no son todo lo definitivos que exigirá la ciencia actual. Pero, de todos modos, las pruebas existentes son en número suficiente como para permitir una duda razonable sobre el sistemático fracaso que preconizan los autores de mentalidad científica y racionalista que han intentado viviseccionar la Alquimia para llegar a sus más profundas interioridades.

Ouroboros, la serpiente que se muerde la cola, simboliza para los alquimistas la unidad de la materia (al igual que la circunferencia) Para otros ocultistas, es el fluido universal o la renovación perpetua de la Naturaleza.