John Silence, investigador de lo oculto, de Algernon Blackwood

Blackwood, uno de los más conocidos escritores de relatos de fantasmas, creó el personaje de John Silence, un ocultista de asombrosos poderes imbuido por completo en el aura espiritista de principios del siglo XX.

Algernon Blackwood es, para muchos, clave en el desarrollo de las clásicas «ghost stories» inglesas y de su pluma muchos tendrán en la mente cuentos como La casa vacía, imprescindible para los amantes de ese terror clásico y victoriano tan característico. Sin embargo, además de esos relatos que le hicieron famoso, Blackwood tenía su propia pasión por el mundo de lo desconocido, para ser concreto, por ese esoterismo con visos racionalistas, con exponentes tan claros como Madame Blavatsky o Aleister Crowley, que le llevó a formar parte de la mítica Orden Hermética de la Golden Dawn, junto a otros escritores como Arthur Machen, W. B. Yeats o Bram Stoker.

De esa pasión nace la figura de uno de los primeros investigadores de lo oculto de la literatura moderna, un John Constantine de principios de siglo, de férrea voluntad, conocimiento antiguo y la capacidad para ayudar cuando la ciencia moderna se muestra incapaz: el doctor John Silence.

Valdemar nos trae una antología con sus mejores relatos, en los que nos encontraremos con una buena amalgama, desde maldiciones egipcias a mitos medievales, de la búsqueda de una nueva consciencia más allá de las dimensiones conocidas a la explicación de la leyenda del hombre lobo a través de la proyección espiritual. En todos los cuentos Silence se muestra como un personaje seguro de sí mismo y de su capacidad para resolver prácticamente cualquier problema.

Visto hoy en día resulta, quizás, un personaje demasiado simple pese al aura de complejidad que Blackwood trata de imbuirle, pero que, pese a todo, funciona bastante bien. La mezcla de investigación y fenómenos paranormales está muy bien integrada y resulta de lo más curioso leer lo que podría ser un predecesor de las historias de John Connolly, como pasa a veces al releer a Doyle antes de empezar con Elroy, por poner un ejemplo.


Alfredo Álamo

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