Mostrando entradas con la etiqueta Poemas de amor.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poemas de amor.. Mostrar todas las entradas

La Destrucción de Charles Baudelaire



Bendicion (bénédiction) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire, publicado en la colección de poemas de 1857: Las flores del mal (Les fleurs du mal).











La Destrucción de Charles Baudelaire (1821-1867) 


A mi lado sin pausa el Demonio se agita;
Ami lado flota como el aire impalpable;
Lo bebo y siento cómo abrasa mis pulmones
ahogándome en un deseo culpable y eterno.

Toma, a veces, pues sabe de mi amor por el Arte,
la apariencia de la mujer más seductora,
y acudiendo a especiosos pretextos cobardes,
acostumbra mis labios a sus depravados hechizos.

Lejos de la mirada de Dios así me lleva,
Jadeante y deshecho por la fatiga, al centro
De las hondas y solitarias planicies del Hastío,

Y arroja ante mis ojos, de confusión repletos,
Vestiduras manchadas y entreabiertas heridas,
¡Y el sangriento artificio en donde habita la Destrucción!



Charles Baudelaire (1821-1867)

El vino de los amantes de Charles Baudelaire



El vino de los amantes (Le vin des amants) es un poema maldito del escritor francés Charles Baudelaire, publicado en la colección de poemas de 1857: Las flores del mal (Les fleurs du mal).







Le vin des amants, Charles Baudelaire (1821-1867)

¡Hoy es espléndido el espacio!
Sin freno, ni espuelas, ni brida,
Partamos a lomos del vino
Hacia un cielo mágico y divino.

Como dos ángeles torturados
Por un implacable placer
En el cristal azul del amanecer
Sigamos tras el espejismo.

Balanceándonos sobre el filo
Del torbellino inteligente,
En un delirio paralelo,

Hermana, navegando juntos,
Huiremos sin tregua o reposo
Al paraíso de mis sueños.

Charles Baudelaire (1821-1867)

Los dos terrores de Amy Levy



 Los dos terrores (The two terrors) es un poema victoriano de la escritora inglesa Amy Levy, publicado en la colección de poemas de 1889: Un plátano londinense y otros versos (A London Plane-Tree and Other Verse).







The two terrors, Amy Levy (1861-1889)

Dos terrores atormentan mi alma noche y día:
El primero es la Vida, y con ella el tiempo;
Un cansado y lánguido tren de miserias,
Con ojos anhelantes, demasiado tristes para llorar;
Sobre cuyos rostros, pálidos y grises,
Se extiende la sombra de un infortunio.
La muerte es el segundo terror;
¿Bajo qué forma su manto negro se acercará?

Mi alma no encuentra alivio en la elección,
Podrá ser golpeada más nunca consolada;
Ella se balancea entre pena y dolor,
Atrapada entre dos términos, sacudida.
De uno teme lo que ya conoce,
Del otro, sus benditos horrores desconocidos.

Amy Levy (1861-1889)

¿Es amor? de Amy Levy



¿Es amor? (¿Is it love?) es un poema de amor de la escritora inglesa Amy Levy, publicado en la antología poética de 1889: Un plátano londinense y otros versos (A London Plane-Tree and Other Verses).







¿Is it love? Amy Levy (1861-1889)

¿Es Amor o es Fama
Esta cosa por la cuál suspiro?
Quizás no tenga sentido
Encontrarle un nombre terrenal.

No sé qué puede aliviar mi pasado,
Ni cómo llamar a eso que deseo;
La pasión de mis sentimientos
Ruge como un tigre encadenado.

Amy Levy (1861-1889)

Voy a dormir de Alfonsina storni

Voy a dormir; Alfonsina storni ( 1892-1938 )

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...


Alfonsina storni ( 1892-1938 )

Supremo idilio

Supremo idilio, Delmira Agustini (1886-1914)

-Boceto de un poema-

En el balcón romántico de un castillo adormido
que los ojos suspensos de la noche adiamantan,
una figura blanca hasta la luz… Erguido
bajo el balcón romántico del castillo adormido,
un cuerpo tenebroso… Alternándose cantan.

-¡Oh tú, flor augural de una estirpe suprema
que doblará los pétalos sensitivos del alma,
nata de azules sangres, aurisolar diadema
florecida en las sienes de la Raza!… Suprema-
Mente pulso en la noche tu corazón en calma!

-¡Oh tú que surges pálido de un gran fondo de enigma
como el retrato incógnito de una tela remota!…
Tu sello puede ser un blasón ó un estigma;
en las aguas cambiantes de tus ojos de enigma
un corazón herido -y acaso muerto- flota!

-Los ojos son la Carne y son el Alma: mira!
Yo soy la Aristocracia lívida del Dolor
que forja los puñales, las cruces y las liras,
que en las llagas sonríe y en los labios suspira…
Satán pudiera ser mi semilla ó mi flor!

Soy fruto de aspereza y maldición: yo amargo
y mancho mortalmente el labio que me toca;
mi beso es flor sombría de un Otoño muy largo…
Exprimido en tus labios dará un sabor amargo,
y todo el Mal del Mundo florecerá en tu boca!

Bajo la aurora fúlgida de tu ilusión, mi vida
extenderá las ruinas de un apagado Averno;
vengo como el vampiro de una noche aterida
a embriagarme en tu sangre nueva: llego á tu vida
derramada en capullos, como un ceñudo Invierno!

-!Cómo en pétalos flojos yo desmayo á tu hechizo!…
Traga siniestro buitre mi pobre corazón!
En tus manos mi espíritu es dúctil como un rizo…
El corazón me lleva á tu siniestro hechizo
como el barco inconsciente el ala del timón!

Comulga con mi cuerpo devoradora sima!
Mi alma clavo en tu alma como una estrella de oro;
florecerá tu frente como una tierra opima,
cuando en tu almohada trágica y honda como una sima,
mis rizos se derramen como una fuente de oro!

-Mi alma es negra tumba, fría como la Nieve…
-Buscaré una rendija para filtrarme en luz !
-Albo lirio !… A tocarte ni mi sombra se atreve…
-Te abro; ¡ oh mancha de lodo ! mi gran cáliz de nieve
y tiendo á ti eucarísticos mis brazos, negra cruz!

Enróscate; ¡oh serpiente caída de mi Estrella
sombría! a mi ardoroso tronco primaveral…
Yo apagaré tu Noche ó me incrustaré en ella:
seré en tus cielos negros el fanal de una estrella
seré en tus mares turbios la estrella de un fanal!

Sé mi bien ó mi mal, yo viviré en tu vida!
Yo enlazo á tus espinas mi hiedra de Ilusión…
Seré en ti una paloma que en una ruina anida;
soy blanca, y dulce, y leve; llévame por la Vida
prendida como un lirio sobre tu corazón!

-Oh dulce, dulce lirio!… Llave de las alburas!
Tú has abierto la sala blanca en mi alma sombría,
la sala en que silentes las Ilusiones puras
en dorados sitiales, tejen mallas de alburas!…
-Tu alma se vuelve blanca porque va siendo mía!

-Oh leyes de Milagro!… yo, hijo de la sombra
Morder tu carne rubia: oh fruto de los soles!
-Soy tuya fatalmente: mi silencio te nombra,
y si la tocas tiembla como un alma mi sombra!…
Oh maga flor del Oro brotada en mis crisoles!

-Los surcos azurados del Ensueño sembremos
de alguna palpitante simiente inconcebida
que arda en florecimientos imprevistos y extremos;
y al amparo inefable de los cielos sembremos
de besos extrahumanos las cumbres de la Vida!

Amor es milagroso, invencible y eterno;
la vida formidable florece entre sus labios…
Raiz nutrida en la entraña del Cielo y del Averno,
viene á dar á la tierra el fuerte fruto eterno
cuyo sangriento zumo se bebe á cuatro labios!

Amor es todo el Bien y todo el Mal, el Cielo
todo es la arcada ardiente de sus alas cernidas…
Bajar de un plinto vano es remontar el vuelo…
Y Él te impulsa á mis brazos abiertos como el Cielo,
oh suma flor con alma, á deshojar en vidas!…

En el balcón romántico de un castillo adormido
que los ojos suspensos en la Noche adiamantan,
el Silencio y la Sombra se acarician sin ruido…
Bajo el balcón romántico del castillo adormido
un fuerte claro-oscuro y dos voces que cantan…

Delmira Agustini (1886-1914)

Serpentina

Delmira Agustini (1886-1914)

En mis sueños de amor ¡yo soy serpiente!
gliso y ondulo como una corriente;
dos píldoras de insomnio y de hipnotismo
son mis ojos; la punta del encanto
es mi lengua...¡y atraigo como el llanto!
soy un pomo de abismo.

Mi cuerpo es una cinta de delicia,
glisa y ondula como una caricia...

Y en mis sueños de odio ¡soy serpiente!
mi lengua es una venenosa fuente;
mi testa es la luzbélica diadema,
haz de la muerte en un fatal soslayo
con mis pupilas; y mi cuerpo en gema
¡es la vaina del rayo!

Si así sueño mi carne, así es mi mente:
un cuerpo largo, largo, de serpiente,
vibrando eterna, ¡voluptuosamente!

Tu amor, esclavo, es como un sol muy fuerte:
jardinero de oro de la vida,
jardinero de fuego de la muerte
en el carmen fecundo de mi vida.

Pico de cuervo con olor de rosas,
aguijón enmelado de delicias
tu lengua es. Tus manos misteriosas
son garras enguantadas de caricias.

Tus ojos son mis medianoches crueles,
panales negros de malditas mieles
que se desangran en la acerbidad;

crisálida de un vuelo del futuro,
es tu brazo magnífico y oscuro,
torre embrujada de mi soledad.

Delmira Agustini (1886-1914)

Amor

Amor, Delmira Agustini (1886-1914)

Yo lo soñé impetuoso, formidable y ardiente;
Hablaba el impreciso lenguaje del torrente;
Era un mar desbordado de locura y de fuego,
Rodando por la vida como un eterno riego.

Luego soñélo triste, como un gran sol poniente
Que dobla ante la noche la cabeza de fuego;
Después rió, y en su boca tan tierna como un ruego,
Sonaba sus cristales el alma de la fuente.

Y hoy sueño que es vibrante, y suave, y riente, y triste,
Que todas las tinieblas y todo el iris viste;
Que, frágil como un ídolo y eterno como Dios,
Sobre la vida toda su majestad levanta:
Y el beso cae ardiendo á perfumar su planta
En una flor de fuego deshojada por dos...

Delmira Agustini (1886-1914)

RECINTO

Carlos Pellicer Camara

I

Vida,
ten piedad de nuestra inmensa dicha.
De este amor cuya órbita concilia
la estatuaria fugaz de día y noche.
Este amor cuyos juegos son desnudo
espejo reflector de aguas intactas.

Oh, persona sedienta que del brote
de una mirada suspendiste
el aire del poema,
la música riachuelo que te ciñe
del fino torso a los serenos ojos
para robarse el fuego de tu cuerpo
y entibiar las rodillas del remanso.

Vida, ten piedad del amor en cuyo orden
somos los capiteles coronados.
Este amor que ascendimos y doblamos
para ocultar lo oculto que ocultamos.
Tenso viso de seda
del horizonte labio de la ausencia,
brilla.

Salgo a mirar el valle y en un monte
pongo los ojos donde tú a esas horas
pasas junto a recuerdos y rocío
entre el mudo clamor de egregias rosas
y los activos brazos del estío.

II

Ya nada tengo yo que sea mío:
mi voz y mi silencio son ya tuyos
y los dones sutiles y la gloria
de la resurrección de la ceniza
por las derrotas de otros días.

La nube que me das en el agua de tu mano
es la sed que he deseado en todo estío,
la abrasadora desnudez de junio,
el sueño que dejaba pensativas
mis manos en la frente
del horizonte . . .

Gracias por los cielos
de indiferencia y tierras de amargura
que tanto y mucho fueron. Gracias por
las desesperaciones, soledades.

Ahora me gobiernas por las manos
que saben oprimir las claras mías.
Por la voz que me nombra con el nombre
sin nombre . . . Por las ávidas miradas
que el inefable modo sólo tienen.

A1 fin tengo tu voz por el acento
de saber responder a quien me llama
y me dice tu nombre
mientras en los pinares se oye el viento
y el sol quiere ser negro entre las ramas.


Carlos Pellicer Camara

NOCTURNO "A"

 Carlos Pellicer Camara

Noche. Mar de silencio. Van las meditaciones
desenrollando lentas sus claras devociones.
El faro del espíritu clarea esas ondas suaves
que van ampliando el círculo de sus evoluciones
para regir el curso sereno de las naves.
La paz del alma que sabe cantar sus horas
vela esa vida íntima de tramas seductoras
en que el dolor se ama. ¿Por qué? ¿Resulta acaso
que ese dolor es sombra de un cariño? Las horas
te dirán en silencio: camina paso a paso. . .
Mienten las horas. Mienten. Mata la indiferencia
que no sabe del triunfo de una linda cadencia;
si paso a paso vas por la vida, jurando
que has vencido, te engañas: esa pobre creencia
guardamos los que siempre vivimos adorando. . .

Adora el desaliento de esa melancolía;
no huyas de la grata penumbra que concede.
El ave del crepúsculo canta la melodía
¡de lo que pudo el alma, de lo que el alma puede!

Alegría, una gota, que esa gota bendita
habrá caído al vaso que gozará la flor...
¡Bríndasela a tu alma para toda la vida
en el regio festín que presida el dolor!

 Carlos Pellicer Camara

Un Sueño dentro de un Sueño: Edgar Allan Poe

A Dream within a Dream, Edgar Allan Poe.

¡Toma este beso sobre tu frente!
Y, me despido de ti ahora,
No queda nada por confesar.
No se equivoca quien estima
Que mis días han sido un sueño;
Aún si la esperanza ha volado
En una noche, o en un día,
En una visión, o en ninguna,
¿Es por ello menor la partida?
Todo lo que vemos o imaginamos
Es sólo un sueño dentro de un sueño.

Me paro entre el bramido
De una costa atormentada por las olas,
Y sostengo en mi mano
Granos de la dorada arena.
¡Qué pocos! Sin embargo como se arrastran
Entre mis dedos hacia lo profundo,
Mientras lloro, ¡Mientras lloro!
¡Oh, Dios! ¿No puedo aferrarlos
Con más fuerza?
¡Oh, Dios! ¿No puedo salvar
Uno de la implacable marea?
¿Es todo lo que vemos o imaginamos
Un sueño dentro de un sueño?

Edgar Allan Poe (1809-1849)

Eulalia

Eulalie, Edgar Allan Poe (1809-1849)

Exiliado del mundo voluntario,
entre suspiros y lágrimas vivía;
era mi alma un melancólico calvario
sin ternuras ni dulce compañía.

Mas Eulalia, bella y pudorosa
llegó a ser mi agradable compañera,
y en sus rizos auríferos, certeras,
cayeron mis caricias inquietas.

En las tinieblas el fulgor de las estrellas
no se compara con su mirada radiante,
ni en el diminuto ocaso hay en ellas
algo que encante como sus ojos brillantes.

Los bucles que ella ostenta con derroche
despiertan en mi alma la poesía,
y Astarté lanza cálidas brisas
contemplando a mi Eulalia día y noche.

Suspiro a suspiro su alma entera
Eulalia me dedica con amor;
no me acucia ya esa duda artera,
ni aguardo en los abismos del dolor.

Edgar Allan Poe (1809-1849)

Al río

To the river, Edgar Allan Poe (1809-1849)

¡Hermoso río! en el resplandor, clara corriente
de cristal, errante agua.
Eres un emblema del brillo,
de la belleza, del corazón que no huye,
la juguetona sombra de arte
en la hija del viejo Alberto;

pero cuando ella mira en tu ola,
que entonces reluce, y tiembla,
pues, entonces, el más bonito de los arroyos
se parece a su adorador;
ya que en su corazón, como en tu corriente
la imagen yace profundamente,
el corazón de él que tiembla ante el rayo de luz
de los otros ojos, que barren el alma.

Edgar Allan Poe (1809-1849)

Nada resta de ti de de Carolina Romero de Tejada

Carolina Coronado Romero de Tejada (1820-1911)

Nada resta de ti... te hundió el abismo...
te tragaron los monstruos de los mares.
No quedan en los fúnebres lugares
ni los huesos siquiera de ti mismo.
Fácil de comprender, amante Alberto,
es que perdieras en el mar la vida,
mas no comprende el alma dolorida
cómo yo vivo cuando tú ya has muerto.
¡Darnos la vida a mí y a ti la muerte;
darnos a ti la paz y a mí la guerra,
dejarte a ti en el mar y a mí en la tierra
es la maldad más grande de la suerte!

Carolina Coronado (1820-1911)

Muerte Prematura.

Early Death; Elizabeth Eleanor Siddal (1829-1862)


No te lamentes con amargas lágrimas
Por la vida que pasa rápido;
Las puertas del cielo se abrirán anchas
Y hacia ellas me llevarán al final.

Siéntate dócil y manso junto a mí
Y observa mi joven vida mientras huye;
Entonces la paz de una muerte solemne
Vendrá tranquilamente hacia nosotros.

Pero mi Amor, búscame en la multitud
De los etéreos espíritus del pasado,
Entre las mías yo tomaré tu mano
Y sabré que eres mío al final.

Elizabeth Eleanor Siddal (1829-1862)

Mi Voz.

My Voice, Oscar Wilde (1854-1900) .

Dentro de este inquieto, apresurado y moderno mundo,
Arrancamos todo el placer de nuestros corazones, tu y yo.
Ahora, las blancas velas de nuestra nave ondean firmes,
Pero ha pasado el momento del embarque.

Mis mejillas se han marchitado antes de tiempo,
Tanto fue el llanto que la alegría ha huido de mi,
El Dolor ha pintado de blanco mis labios,
Y la Ruina baila en las cortinas de mi lecho.

Pero toda esta tumultuosa vida ha sido para ti
No más que una lira, un luto,
Un sutil hechizo musical,
O tal vez la melodía de un océano que duerme,
La repetición de un eco.

Oscar Wilde (1854-1900)

Mi Musa Triste.

Delmira Agustini.

Vagos preludios. En la noche espléndida
su voz de perlas una fuente calla,
Cuelgan las brisas sus celestes pífanos
en el follaje. Las cabezas pardas
de los búhos acechan.
Las flores se abren más, como asombradas.
Los cisnes de marfil tienden los cuellos
en las lagunas pálidas.
Selene mira del azul. Las frondas
tiemblan... y todo! hasta el silencio, calla...

Es que ella pasa con su boca triste
Y el gran misterio de sus ojos de ámbar,
A través de la noche, hacia el olvido,
Como una estrella fugitiva y blanca.
Como una destronada reina exótica
de bellos gestos y palabras raras.

Horizontes violados sus ojeras
Dentro sus ojos (dos estrellas de ámbar)
Se abren cansados y húmedos y tristes
Como llagas de luz que quejaran.

Es un dolor que vive y que no espera,
Es una aurora gris que se levanta
Del gran lecho de sombras de la noche,
Cansada ya, sin esplendor, sin ansias
Y sus canciones son como hadas tristes
Alhajadas de lágrimas...

Delmira Agustini.

Elogio de la más amable de las mujeres

Lob-rede an das liebwertheste frauen-zimmer, Christian Hofmann von Hofmannswaldau (1617-1679)

Estimadas doncellas, dulce, gracioso sol,
joya escogida sois, de calle y casa el dechado.
¿Quién puede ser tan pétreo, que no os gane amor?
¿Y a quién al hogar no habéis devuelto aherrojado?

¿Quién será el audaz que esté ante vuestros ojos,
cuando hayáis expuesto la hermosa mercancía?
¿Quién no os adorará, bellas, como a un dios, de hinojos,
puesto que sois la imagen que acuñó Venus misma?

Mas tan sólo tocar una parte es lo que ansío
de lo que os dio Natura con largueza sin par.
Del sentido a esas tierras llevarme ha el navío
donde el viento de amor bate y leche colma el mar.

Los pechos son mi meta, de mármol bella esfera,
donde Amor erigió un castillo de placer;
por el juego del hálito bajan y se elevan,
sol áureo, aroma de ámbar, las baña el rosicler.

Un paraíso son en que maduran manzanas,
el más dulce manjar por que todo Adán suspira,
dos rocas que el silbo del céfiro acollara.
Huerto de bellos frutos, que el deleite inspira.

No terrenal imagen que hay que venerar.
Un pulido altar ante el que el mundo se inclina.
De torrentosos ríos la fuente de cristal
cuya dulzura al néctar despoja de estima.

Cierto: son dos hermanas que duermen en un lecho,
y, no obstante, jamás una a la otra aprieta.
Dos cuartos, ya copiosa panoplia de amor hechos,
de la que Cypripor lanza áureas saetas.

Son un viscoso engrudo, que aprisiona el sentido;
un fuego, que entibia al más frío corazón;
un bezoar, que devuelve el alma a quien la ha perdido;
un tesoro ante el cual la riqueza es privación.

Para enamorados suculento maná;
fábrica de alabastro, que rubíes encumbra;
dulce almíbar de miel, que liba el alma apagada;
un cielo, en que la hueste de astros de amor relumbra.

Una espada afilada, que hondo nos vulnera.
Un rosal, que aun en invierno da sus rosas.
Un mar en que se ve el vigor de las sirenas,
de las cuales el canto llega al alma y la acosa.

Son un níveo castillo que en chispas resplandece,
cual blanda cera al más duro acero funde en nada.
Un rebosante estanque, en que nadan los peces
con los cuales se sacia el hambre enamorada.

Placer de juventud, yesca de todo recreo,
guirnalda en que se ve la flor de la castidad.
Fundan milagro vano, el tedio hacen escueto,
porque florecen ascua y nïeve en su sitial.

Son el redondo féretro de Amor enterrado,
de abrir capaz ganzúa el corazón a fondo;
sólo el placer se quiere en el lugar asentado
de cuyas cuencas leche fluye y néctar no poco.


Toneles dos, colmados de un dulce julepe
,
dos reclamos, que al libre corazón caütivan,
dos soles, que aun ceñidos por un velo tan leve,
con su fulgor al ojo más claro encandilan.

De alba seda de cisne la veste son tïerna,
que la trama de cada hilo permite ver.
Dos colinas con cimas de tiza cubïertas;
pomitos, que jamás libran leche del placer.

Dos fuentes de que siempre mana sólo agua sana,
donde la aridez no agota los veneros.
Cazadores son dos de fïera bestia y mansa,
coto en el que ninguna presa está a cubierto.

Dos bolas de nïeve, de licuarse impedidas,
que las doncellas tiran al alma de los hombres.
Cuerdas y lazos dos de facultad no cautiva,
de los que nadie escapa, aunque prudencia le sobre.

De dos tiendas que exponen favor y gracia atenta,
puede ser la tendera sólo boca de grana.
Por dos cestos que dan sólo mazapán en venta,
ansiando su dulzura, todos los labios claman.

Atalayas son dos, en cuyo ebúrneo esplendor
monta guardia empeñosa la flecha de Cupido.
Dos joyas, que adornan los cuerpos con fulgor,
cuando su gentileza red al hombre ha tendido.

Son un füelle, apto para encender un fuego
al que por medio alguno se da punto final.
Dos lechos, para bodas del rubí y el mármol luego,
donde leche de almendras lava en rosa el coral.

Son brújula marina, que a bogar induce
antes de haber entrado del deleite en el puerto.
Un trono puro, sobre el que argénteos lirios lucen
y para enamorados tan sólo está abierto.

Un precioso santuario, que besan castos labios,
si el corazón se humilla, genuflexo, delante.
Un mar, que vierte el goce y la gracia sin resabios;
una mina, que muestra en el fondo dos diamantes.

Mas nadie alaba el uso de cubrir las esferas,
donde el país se ubica del amor y el placer.
¡Ay beldades, creedme!: ocultas, si estuvieran,
se rendirían a ojos con el amor de ver.

Demuestra Orontes mismo que no sirve ocultar;
de los pechos tras suave tela lució el Faro.
Cuando las velas rasga aún cruda tempestad,
en puerto de amor descansa ahora a su amparo.

¡Dichoso aquél que así pueda vivir complacido!
¡A quien tan blanco escudo evite que nostalgia hiera!
¡Que con azúcar tal a su boca haga cumplidos,
y esté con gozo tal en el jardín de azucenas!

Que en blancas praderas pueda cortar las flores;
que diamantes, rubíes extraiga de esa mina;
que le den dulces pomas vïandas y vigores;
que pueda coger rosas sin una sola espina.

De quien el hado así consïente y deleita,
puede un curvo pecho ser cojín y almohadón.
Quien en el seno va de la amada a rienda suelta,
a su Venus le instila un bálsamo de amor.


Christian Hofmann von Hofmannswaldau (1617-1679)


Traducido al español por Panteon De Juda.

Caducidad de la belleza

Vergänglichkeit der Schönheit, Christian Hofmann von Hofmannswaldau (1617-1679)

Con su mano la muerte pasará helada,
su palidez al cabo, Lesbia, por tus pechos,
será el suave coral pálidos labios deshechos,
del hombro arena fría la nieve hoy inflamada.

De los ojos el dulce rayo y los vigores
de tu mano, que vencen a su par, vencerá
el tiempo, y el cabello, hoy áureo de fulgores,
será un cordel común, que la edad cortará.

El bien plantado pie, la postura agraciada
serán en parte polvo, en parte nulos, nada;
ya el numen de tu brillo no tendrá ofrendante.

Esto y aún más que esto ha al fin de sucumbir,
sólo tu corazón puede siempre subsistir,
pues la naturaleza lo ha hecho de diamante.

Christian Hofmann von Hofmannswaldau (1617-1679)

Mediodía Silencioso.

Silent Noon, Dante Gabriel Rossetti (1828-1882)

Tus manos descansan abiertas sobre la hierba fresca,
Tus dedos brotan de la tierra como flores rosadas:
Tus ojos sonríen en paz. El pasto resplandece absorto
En las olas nebulosas del cielo, que se reúnen en calma.
Todo rodea nuestro nido, hasta donde el ojo puede contemplar,
Dorados campos reales con bordes de plata,
Allí donde los animales corroen las faldas del espino.
Este visible silencio, inmóvil sobre el reloj de arena.

Profundo en el sol ansiado crece la libélula,
Colgando como un hilo azul lanzado del cielo:
De manera que esta hora alada gotea sobre nosotros.
Oh, cerremos los corazones sobre este regalo inmortal,
Atrapemos esta inarticulada hora en compañía,
Dónde el silencio de dos se transforma en una canción de amor.

Dante Gabriel Rossetti (1828-1882)