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Noches Grises.

Grey Nights; Ernest Christopher Dowson (1867-1900)

Vagamos por un tiempo (este fue mi sueño)
Por un largo sendero de la Tierra Muerta,
Dónde sólo las amapolas crecen en la arena,
Aquellas que arrancamos con escasa estima,
Y siempre tristes, hacia una triste corriente
Seguimos avanzando con los dedos entrelazados,
Bajo las estrellas distantes, un camino imprevisto,
La visión de todas las cosas en la sombra de un sueño.

Y siempre tristes, mientras las estrellas expiraron,
Las más extrañas amapolas encontramos,
Hasta que tus ojos cultivaron toda mi luz,
Para iluminarme en aquella hora de cansancio,
Y en su oscurecimiento ninguna conjetura podría
Atormentarme con los días perdidos que deseamos,
¡Después de ellos mis recuerdos fueron destrozados!

Ernest Christopher Dowson (1867-1900)

El Jardín de las Sombras.

The Garden of Shadows, Ernest Christopher Dowson (1867-1900).

El Amor ya no escucha el gemido del viento
bailando entre flores perfectas: Tu cerrado jardín
Crece en desérticas formas, donde nadie podrá encontrar
El extraviado pétalo de una rosa olvidada.

¡Oh, Brillante, brillante cabello!
¡Oh, Boca, labios trémulos como la fruta que cae del árbol
¿Puede el hambre permanecer cerca de esa cosecha?
El Amor, que fue sinfonía, con su laúd quebrado
Susurrará melodías sobre la hierba de los camposantos.

Deja que el viento murmure sobre las flores perfectas,
Y que el jardín renazca y brille con la primavera:
El Amor ha crecido ciego sin contar las horas,
Sin soñar en las semillas del tiempo, ni en su cosecha.

Ernest Christopher Dowson (1867-1900)

Amor Profanus.

Ernest Christopher Dowson (1867-1900)

Más allá de la pálida memoria,
En algún misterioso bosque oscuro;
Existe un lugar hecho de sombras,
Silencioso bajo la bóveda de árboles,
Un lugar olvidado por el sol:
He soñado que allí nos reuníamos
Para maravillarnos de nuestro antiguo amor.

Reunidos allí por casualidad, largos años habían pasado,
Hemos vagado por la espesura sombría;
Y aquel antiguo lenguaje del corazón
Intentamos en vano evocar: ¡Oh, que melodía furtiva!
Sobre nuestros pálidos labios han corrido
Las aguas del olvido,
Que corona el amor de todos los mortales.

En vano balbuceamos; desde lejos,
Nuestro viejo deseo brilló frío y muerto:
Esa vez fue lejano como una estrella,
Cuando los ojos alumbraban y los labios eran carmesí.
Sin embargo fuimos con los ojos abatidos,
Sin encontrar placer en la cercanía,
Como dos pobres sombras desconsoladas.

¡Oh, Amor! Mientras la vida es nuestra,
No acumules las bellezas rosas y blancas,
Pero arranca la hermosura que huye de las flores
Para que adornen nuestro pequeño sendero de luz:
Pues pronto habremos de ahogarnos
En la amarga hierba de los muertos.
Separados, tristes espectros de la noche.

Ernest Christopher Dowson (1867-1900)